martes, 27 de diciembre de 2011

Canto tercero

Mi corazón contemplar su belleza esperaba

cuando en su morada sentada me encontraba.

Allí encontré a Mehi[1], que en su carroza pasaba,

rodeado de sus jóvenes muchachos.


No sé cómo evitarlo.

¿Pasaré junto a él sin saludarlo?

Ya el río se me aparece como un camino,

Pues no sé adónde mis pasos dirigir.

Cuán ignorante eres, corazón mío.

¿Por qué quieres pasar junto a Mehi sin hablarle?

Claro, si paso cerca de él,

le revelaré mis sentimientos.

“Mira, soy tuya”, le haría comprender,

pero él gritará mi nombre

y me entregará a la casa

de uno de esos que le siguen.


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[1] Divinidad protectora de los amantes y nombre del bien amado.

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