martes, 31 de enero de 2012

La celebridad de un escritor


La celebridad de un escritor

 Los escribas llenos de sabiduría, desde el tiempo

que vino después de los dioses,

y cuyas profecías se realizaron:

sus nombres duran eternamente.

lunes, 30 de enero de 2012

Un escriba a un estudiante frívolo


Un escriba a un estudiante frívolo

Me dicen que descuidas la práctica de la escritura,
y que te entregas al placer.

Vas de taberna en taberna.

El olor de la cerveza alcanza a cuantos se te acercan.

domingo, 29 de enero de 2012

Carta de un viudo a su difunta esposa


Carta de un viudo a su difunta esposa



Al alma perfecta Ankh-iri:



¿Qué has hecho contra mí para que me encuentre en las enojosas circunstancias en las que me encuentro? ¿Qué he hecho contra ti? Has levantado la mano contra mí, cuando no he hecho nada malo para contigo, desde el tiempo en que era tu esposo hasta este día. ¿Qué he hecho contra ti que deba disimular? Sin duda, después de lo que has hecho, me quejaré de ti. (¿Qué he hecho contra ti?) Llevaré mis quejas contra ti ante los dioses de Occidente, y sobre el texto que he compuesto y escrito, se nos juzgará, a ti y a mí.



¿Qué he hecho contra ti? Te tomé como esposa cuando era un hombre joven; estuviste conmigo mientras cumplía mis diversas funciones. Estuviste conmigo y no te rechacé ni hice que tu corazón se encolerizara. Así actué mientras fui un hombre joven que ocupaba altos cargos junto al Faraón (Vida, Salud, Fuerza), sin rechazarte, diciéndome: “Siempre ha estado cerca de mí”.



Y todo lo que adquiría y todo lo que a mí venía, por amor a ti, no lo tomaba, diciéndome: “Actúo según tu deseo”. Mira, puesto que no dejas en paz a mi corazón, te voy a poner en pleito, de modo que se distinga el bien del mal.



Mira, mientras instruía a los soldados del Rey (Vida, Salud, Fuerza) y formaba a la caballería, venían a arrojarse al suelo ante ti y te traían todo tipo de cosas buenas, y las depositaban ante ti.



Nada te oculté en los años que viviste; no permití que te faltara nada ni te hice sufrir en modo alguno, lo que hacía siendo tu amo, y nunca descubriste que te hubiese engañado a la manera de un campesino que entra en casa ajena. No permití que nadie me robara lo que te debía: se entregaba donde tú estabas. Y cuando ya no pude salir según mi costumbre, no obstante todo te procuré, tal como lo hace un hombre de mi condición cuando se halla en su casa: tu aceite, tu pan, tus vestidos; te los traían, no los hice llevar a ningún otro sitio… No te he engañado.



Mira, no reconoces todo el bien que te he hecho: te escribo para darte a conocer lo que haces. Cuando estabas enferma, con esa enfermedad que te acosó, te envié el mejor médico, que te cuidó e hizo todo cuanto le pediste.



Y cuando acompañé al Rey (Vida, Salud, Fuerza) y partí hacia el sur, y te encontraste en ese estado que fue el tuyo, pasé ocho meses sin comer ni beber, tal como es costumbre entre los humanos. Cuando finalmente llegué a Menfis, solicité un permiso al Rey (Vida, Salud, Fuerza) y me dirigí a donde tú estabas. Lloré mucho con la gente delante de mi casa. Entregué lino y tela para embalsamarte; hice hilar mucha tela, no escatimé en nada de lo que es bueno, para que todo te fuera hecho. Mira, tras esto viví tres años en soledad, y no me volví a casar, a pesar de ser conveniente que un hombre de mi condición lo haga. Mira, así obré por amor a ti; pero he aquí que no sabes discernir el bien del mal; seamos, pues, juzgados. Y mira, de las mujeres de la casa, con ninguna me casé.

Lamentación sobre la muerte


Lamentación sobre la muerte



Oh mi amado, mi esposo, mi amigo,

oh gran sacerdote,

no te canses de beber y comer

de estar ebrio y de amar.



Da una bonita fiesta.

Día tras día obedece a tu corazón,

y no lo sumas en penas.

¿Qué son los años que no se pasan en la tierra?



Occidente es un país de sueño y de profundas tinieblas;

el lugar donde viven quienes un día se fueron,

y que ahora reposan en sus sarcófagos.



No se despiertan para ver a sus hermanos.

No ven ni a su padre, ni a su madre,

sus corazones olvidan a sus mujeres y a sus hijos.



El agua de la vida, de la que todas las bocas se nutren,

para mí es la sed.

Pues va hacia quienes están en la tierra.

La sed es mi parte.



El agua está cerca de mí,

y no sé dónde está,

Desde que viene a este valle.



Dame a beber agua corriente.

Dime: “Que tu majestad no esté lejos del agua”.

En la orilla, vuelve mi rostro hacia el viento del norte.

¡Ah, haz que en su dolor, mi corazón se refresque!



En cuanto a la muerte, un nombre tiene: “Ven”.

Todos los a ella llamados,

hacia ella van sin tardanza.

Sus corazones se espantan, pues la temen.



No existe dios u hombre que la vea,

y sin embargo alcanza a mayores y chicos.

No hay quien pueda apartar su designio,

ni de sí mismo, ni de sus seres queridos.



A la madre arranca el hijo,

con más gusto que al anciano

que avanza hacia su vecindad.



Todos los temerosos ruegan ante ella:

y ella no los escucha. No viene a quienes la alaban,

no escucha a quien la celebra,

no mira lo que le es ofrecido.



¡Oh! Vosotros que vendréis a este país,

ofrecedme incienso, y agua, en todas las fiestas de Occidente.

sábado, 28 de enero de 2012

Las mujeres


Las mujeres

 ¡En paz! ¡En paz!

¡Hacia Occidente, oh alabado!

¡Ve en paz!

Ah, si este día pudiere ser eterno,

en el transcurso del cual te contemplamos.

Pues tú vas hacia el país que mezcla a los hombres.

viernes, 27 de enero de 2012

Los miembros de la familia


Los miembros de la familia



El gran pastor se ha ido de aquí.

Pasa ante nosotros.

-¡Ah! ¡Ojalá pudieras mirarnos!

Los bueyes


Los bueyes

¡Hacia Occidente! ¡Hacia Occidente!

¡Oh amo, hacia Occidente!

Él, que nos daba tanto forraje, como deseaba su corazón,

él, que no prestó atención a nuestras faltas.